martes, 22 de septiembre de 2015

Apunta al blanco, no falles

−Seguro tienes muchos requisitos para ello,  le había replicado Afél.
−Requisitos siempre habrá, ellos son los que te garantizan que tu esfuerzo sea direccionado al destino esperado.  (Conversación entre dos personajes del libro Aparentemente Precavido)

Todos en la vida terminaremos en un lugar, pero ¿sabías que tú puedes decidir donde quieres terminar?.

De aquí a cinco años ¿habrás avanzado, o seguirás igual? Te has preguntado,  ¿donde estarás dentro de quince años? Para saberlo necesitas un sueño, una imagen mental clara del futuro; lo cual no se refiere a cómo eres, sino a cómo puedes llegar a ser, a eso se le denomina  visión.Es una función de la mente, del corazón. 

Se dice que la persona más pobre del mundo es la que no tiene un sueño, una visión. 

Las  grandes hazañas que han impactado a la humanidad, han sido el resultado de tener un sueño, de  ser visionario.

El tener una visión, ese sueño, es la clave para mantener el esfuerzo direccionado y es el estimulo para la disciplina personal y corporativa.

Ya hemos mencionado en reflexiones anteriores, la necesidad de saber qué es lo que queremos lograr, qué es lo que nos apasiona, para dirigir todo tipo de recursos en esa dirección, sacándoles el mayor provecho, y no disgregarlos en cosas generales.

Cuando seguimos un sueño, no todo parece claro al principio, no obstante cada paso que damos en esa dirección, despeja más el camino que transitamos y nos acerca mas y mas a la meta.

Esfuerzo direccionado es el producto de tener un sueño definido y claro de lo que nos proponemos lograr.

Recuerda, no tienes una ilusión, tienes una visión; posees un sueño. Ve siempre en esa dirección.

Saludos.




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